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"Tiene que haber un límite", expresa damnificado de un robo en su vivienda

A través de la Seis App un vecino envió una nota a partir del robo sufrido en su vivienda . Señala que eligió Bariloche hace años y que no imaginaba llegar a este nivel de inseguridad. "Jamás recurriría a la violencia por algo material, y es por eso que ahora sólo sueño con que las cosas en mi querida ciudad queden en eso, en sólo lo material, porque tiene que haber un límite", expresa.

La tarde está soleada, y aunque el pronóstico diga que al día siguiente tendremos lluvia, nada en el aire causa esa impresión. Por algún motivo que desconozco los tres o cuatro jóvenes deciden que es una buena tarde para ir a trabajar. Tranquilamente, llegan con su vehículo a la entrada y abren el portón de la casa, mirando a sus alrededores con esa sabiduria que les da el oficio y decidiendo si el trabajo es factible. No sale la gente de la casa a recibirlos y los perros no dan señales de vida. No es la primera vez que visitan el lugar y es por ello que ya saben cómo manejarse con comodidad y cada cual seguramente ya tiene asignado su rol en la faena.

Noches de preparación para que las cosas se hagan sin contratiempo. Tal cual como lo podemos hacer vos o yo con nuestros oficios para llevar el pan a casa. Tal vez, en verdad, con una diferencia fundamental, si nosotros hacemos las cosas como no corresponden seguramente pagaremos las consecuencias. Somos responsables de nuestros actos. Ellos no. Ejercen su oficio con un cierto aire de suficiencia, que les da la manifiesta impunidad de la que gozan. Y con la tranquilidad de saber que, en el peor de los casos, recibiran un mínimo castigo. Hasta esgrimirán su clásica defensa: la estigmatización.

En fin, volvamos al relato. Deciden cerrar el portón para iniciar el trabajo en equipo. Uno agarra una carretilla que hay en el jardin y mientras carga algunas ramas que el dueño había podado el domingo, recorre el perímetro de la casa, no vaya a ser que surja alguna sorpresa de último minuto. O que algún vecino vea unas personas desconocidas en mi jardín.

Será tal vez, la única oportunidad en que haya agarrado una carretilla porque eso, amigo, es para "los giles que laburan". No para ellos. Dos van al frente de la casa, abajo del conducto del hogar y otros dos a la ventana del dormitorio. Los primeros saben que ahí está la sirena exterior. Y los segundos que esa es la ventana más vulnerable. Y en el lugar con menos visibilidad desde la calle o desde las casas linderas. No es la primera vez que hacen este trabajo en el mismo lugar. El dueño se empecina en no poner rejas, "se lo merece por pelotudo" se dicen internamente. Sin saber, claro, que el dueño y su familia decidieron, antes que ellos nacieran, que Bariloche era el mejor lugar del mundo para vivir. Bello, seguro y con un buen futuro. Un lugar ideal para formar una familia. Y como todavia sueña con ello es que, este pelotudo, no puso rejas.Mirar por una ventana, a través de ellas es dar por muerto un sueño y entregarme a estos trabajadores.

El sol brilla en el cielo y el más corpulento ayuda al mas chiquitin a dar un salto y así llegar a romper la sirena exterior. Y en ese instante, cuando empieza a sonar la sirena interior es que los otros dos rompen la ventana, entran y van, en menos de 30 segundos, uno a donde está el teclado de la alarma y el otro al altillo donde está la sirena interior. El ruido es ensordecedor y la adrenalina fluye por la sangre dándoles esa mezcla de excitación y satisfacción, tal vez potenciada por algo más.

Pero eso lo imagino. No lo sé con seguridad. En menos de 90 segundos quedaron neutralizados los ruidos y se pueden dedicar a lo que vinieron. Saben, con seguridad, que hoy desde las 15hs en Bariloche, no había teléfonos ni celulares ni internet, debido a un corte de fibra óptica a 100km. Y, en el peor de los casos, la policia tardaría por lo menos 15 o 20 minutos en llegar. O más. Claro, no hay móviles, o personal. Y si hay móviles o personal, lo que no hay es combustible. Algo que todos ya hemos escuchado infinidad de veces. Posiblemente también sepan dónde esta el dueño y su familia. Ya hicieron la inteligencia para saber dónde trabajan y cuáles son sus horarios. Si fuera de otra forma, ¿se animarían a entrar un auto en la propiedad? Cada uno va a un cuarto y desarman prolijamente las teles de su lugar. No rompen nada, lo hacen con delicada dedicación. Tambièn abren todos los cajones de los cuartos y sacan toda la ropa que, debo decir, eso no lo hacen con tanto esmero.

Al llegar encontraremos los pisos decorados con todo lo que había en los cajones. Abren las cajitas y revisan con curiosidad profesional. No encuentran ni joyas no efectivo, esa lección ya la aprendimos. No es que seamos magnates ni acaudalados, es solo el fruto del trabajo y algunos recuerdos de familia. Como ya se llevaron algunos, en otras visitas, no les quisimos dar la oportunidad de llevarse otros. Espero nos hayan sabido disculpar. Cargan las cosas pequeñas en las mochilas y haciendo un pasamanos se llevan las televisiones. No me gusta presumir, lo saben, pero hay que cargar una tele de 57" en una maniobra del estilo. Admirables son, si se los juzga por la pericia con que se desenvuelven. Y por no dejar ni una sola huella al decir de la amable policía que las quiso levantar luego. Haciendo el clásico show para la tribuna con su maletin, los guantes, el polvito y el cepillito... Sin huellas hay menos para investigar. Y eso, sabemos es menos trabajo para hacer.

En menos de 10 minutos, estimo, se van por donde vinieron, y con eso, tal vez se sientan cumplidos con el trabajo. Mucho más puede ser dañino para la salud. No es cuestión de enfermarse. Lo que cuesta dias y semanas en lograrse, se esfuma en minutos. Eso si, un poco maleducados, sin pensar que lo cortés no quita lo valiente, no tienen la amabilidad de cerrar el portón al salir y eso, junto con la carretilla en medio del jardín serán los indicios al llegar de que nos habíamos sacado la quiniela otra vez. Lo material va y viene, eso lo sé mejor que nadie, y no es lo que más me duele. Diría que no me duele.

Es la impotencia de saber que ese Bariloche que soñé se esfuma con la contundencia de las rejas que pondré mañana en las ventanas. Y que entierro con la música de las palabras del oficial que vino: "tenemos las manos atadas". Jamás recurriría a la violencia, jamás por algo material. Nunca. Y es por eso que ahora sólo sueño conque las cosas en mi querida ciudad, queden en eso. En sólo lo material. Porque tiene que haber un límite. Sueño con eso.

Créditos / Fotografías de: ilustrativa, archivo

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