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¿Quién gobierna al mundo?

Hace pocos días la Cumbre G20 sesionó en China y volvió a demostrar cuáles son las hegemonías que hoy conducen la economía mundial. El periodista alemán Henrik Müller, especializado en política y economía escribió un interesante artículo para entender las claves del encuentro. Un especial de Hans Schulz para B2000.

¿Quién gobierna al mundo? 

Perspectivas periodísticas

Por Hans Schulz para Crónicas de B2000

 

I

El final de los universos aislados

Es difícil ponerle fecha precisa al comienzo de la mundialización sin entrar en controversias. En la década de 1970, el historiador francés Pierre Chaunu, refiriéndose a la expansión europea de los siglos XIV y XV,  habló de la “apertura planetaria de los universos aislados”. Me parece apropiado. Con un lenguaje poético que caracteriza a los historiadores franceses también habló de América y de la “invasión de microbios que diezmaron su mano de obra indígena” y que, “ampliamente abierta a la sed desordenada de todas las codicias, había nacido un nuevo Continente.”

No es difícil aplicar esta descripción al mundo entero, tráfico de esclavos, colonialismo, imperialismo y las grandes guerras mundiales del siglo XX incluidas.

 

II

La primera versión de la historia

En el siglo XXI ya nos encontramos en otro mundo, uno de conexiones ubicuas y de fronteras despintadas. Eso nadie lo puede negar. Sin embargo, a través de esta nueva urdimbre global, se vislumbra la puja de los mismos malgastados intereses, la irrupción de los primitivos clamores y la sempiterna aparición arcaica del temor a lo desconocido. Para ello sólo basta con recorrer esa primera versión de la historia que son las notas periodísticas de los diarios internacionales, analizando e interpretando su contenido. Con el tiempo  los historiadores profesionales “eliminarán lo accesorio” y con buen juicio se dedicarán a la “selección de lo importante”. 

En este domingo seleccioné tres artículos del mismo diario digital internacional “Der Spiegel” que me parecieron pertinentes para presentar mi argumento. Naturalmente que hay más como por ejemplo aquellas que hablan de los refugiados, del ISIS y las que analizan las elecciones en el noreste de Alemania que arrojaron una cifra de más del 20% para el nuevo partido populista de derecha Alternativa para Alemania (AfD) en esa región.  Pero no hay tiempo ni espacio para abarcarlas.

La primera nota que describiré es la de la periodista Ulrike Putz. Lleva el título de “Astillero en quiebra. Mi tripulación enloquece”. (1)  La segunda es la del periodista Erich Follath y se titula: “Programa chino de coyuntura: el proyecto de conquista del mundo. Desde Asia central hasta Europa China construye ferrocarriles, oleoductos y autopistas. Quiere rehacer la antigua ruta de la seda. (2) Y la tercera es una columna de opinión de Henrik Müller sobre la Cumbre G20 que  lleva el nombre de “A las 20 potencias le sobran 15. Los G20 no logran solucionar los problemas del mundo. Ya es tiempo de nuevas propuestas. Cinco potencias deberían tomar en sus manos el destino del planeta, entre ellas una Europa fortalecida” (3). Me referiré en detalle a la primera y  a la última de las tres. El mero encabezado de la segunda explica su contenido y relación con las demás. A veces un escueto recorte explica el contexto.

 

III

Finanzas, astilleros y comercio mundial

La corresponsal Ulrike Putz se refiere a un acontecimiento particular que refleja algunos detalles del actual estado general de las cosas. Nos cuenta que debido a la quiebra del astillero coreano Hanjin varias docenas de buques portacontenedores gigantes  no pueden acercarse a los puertos del mundo por temor a que sean confiscados por los acreedores globales. ¿Alguien recuerda Ghana?  

Sus capitanes informan que en sus barcos comienza a faltar la comida y el agua y que reina el caos entre las tripulaciones. Las provisiones sobre este tipo de cargueros no dura más que dos semanas y para no utilizar combustible muchos de ellos han apagado los acondicionadores, lo que provoca calores insoportables en su interior. En poco tiempo más “nuestros barcos se van a convertir en buques fantasmas” declaran sus capitanes. Sólo en los EEUU se ha permitido a un barco acceder al puerto en Long Beach para descargar su carga. Son más de 70 barcos con medio millón de containers los que navegan por el mundo en estas condiciones. Los capitanes no pueden atracar y los puertos no los dejan porque temen por su insolvencia para pagar los gastos del amarre y la descarga. Para muchas empresas vinculadas al comercio global se acerca una crisis. Con los atrasos en la entrega, a  la empresa, además de la deuda, se le suman las futuras multas. En los puertos de Hamburgo, Singapur, Rotterdam y Shanghái se viven las mismas escenas. Para atracar sólo se acepta efectivo. Mientras tanto en Corea del Sur 11 mil empleados temen por sus puestos de trabajo. Según la autora, el 95% del transporte de mercaderías mundial se realiza a lo largo de los mares del mundo, es decir en portacontenedores. Hanjin sólo ocupa el 3.2% de este comercio. Sin embargo esta crisis amenaza con subir los precios de  los fletes en un 50% y está reduciendo la capacidad de almacenamientos en los puertos. La suba de los precios afectará a las verduras, muebles, vestimentas y carne enfriada. Según Ulrike un abogado de Samsung Electronics le dijo al “Wall Street Journal”  que su empresa viaja en un autobús del cual no se pueden bajar. En uno de los barcos que navega frente a las costas de California hay partes esenciales de teléfonos y maquinas lavarropas por valor de 34 millones de euros. Otra empresa coreana, LG Electronics, transporta el 40% de su producción por los barcos de Hanjin. Se puede inferir de la nota que la crisis es parte del aumento en la producción masiva de barcos anterior a la debacle financiera del 2008, la que ahora cobra su tributo.     

 

IV

¿Quién gobierna al mundo? 

Henrik Müller es profesor de periodismo especializado en política y economía. También es autor de varios libros sobre el tema y escribe una columna semanal en el diario digital Der Spiegel de Alemania, siempre exponiendo sobre temas de actualidad. En este caso se refiere a la Cumbre G20 que sesionó en China hace unos días dándole una perspectiva histórica. 

“Cuando los jefes de estado de los países más importantes del mundo se encontraron por primera vez en 1975 en el G6, en Rambouillet, Francia, sólo se necesitaron 1100 palabras para aclarar sus objetivos y en quince resumidos puntos los explicitaron. Las preguntas macroeconómicas -Coyuntura, fluctuaciones monetarias, Inflación- fueron, junto a los temas energéticos, el eje sobre el cual giró la reunión. Seis hombres, entre ellos cuatro europeos elaboraron sus claras preocupaciones comunes. 41 años después el panorama es mucho más complejo. El comunicado de Hangzhou es siete veces más largo”. 

Con estas palabras comienza el análisis de Müller este domingo. Describe luego que en 45 puntos el comunicado de la cumbre actual, 2016, abarca prácticamente todas las dimensiones políticas del momento, no sólo las inquietudes de coyuntura sino también las referentes al comercio mundial;, la estabilidad financiera, el lavado de dinero, las competencias impositivas, el cambio climático, la desigualdad, el terrorismo, la guerra, los desplazados globales, las migraciones, la educación y las investigaciones sobra la resistencia de las enfermedades a los antibióticos. Según el autor esto demuestra el crecimiento de las necesidades globales de regulación. El autor anticipa también el advenimiento de los nuevos problemas que arroja el Brexit y replantea el futuro de los 27 países restantes de la Unión Europea. 

La gran pregunta que está en el aire es: ¿Quién gobierna al mundo realmente?

En 1975, sigue diciendo, la respuesta era clara. Las dos potencias hegemónicas, EEUU y la URSS, se preocupaban por sus dos esferas de influencia bajo su propia concepción del orden. Lo que negociaban en esos años de Guerra Fría eran las cuestiones de seguridad. En Occidente los EEUU lideraban militarmente y dominaban económicamente, a pesar que ya habían superado el cenit de su poder. Aduanas y controles sobre el flujo de capital protegían a los mercados nacionales. No existían las grandes olas migratorias de la actualidad y los problemas del medio ambiente parecían limitados. Hoy el panorama es muy distinto y todo está entrelazado. Según el autor, entre 1975 y 2015 el comercio mundial se ha multiplicado por veinte y la población mundial ha subido de 4 a 7.4 mil millones. Las emisiones de C02 se han duplicado. Las interdependencias se han complejizado y los problemas resultantes sólo se pueden resolver en forma conjunta, pero nadie tiene el poder para hacerlo. 

En la actualidad, jefes de estados democráticos, autócratas, reyes y líderes comunistas sesionan junto a organizaciones internacionales y expertos de todo tipo para analizar la coyuntura y proponer soluciones. Mientras tanto la ciudadanía, en términos generales, cuestiona a las elites políticas y los populistas, con promesas de soluciones nacionales y proteccionismo, están creciendo en muchos lugares, algo que al final no funcionará, pero si reduce el umbral de juego de los países del G20. 

Y ante este panorama el autor se hace una segunda pregunta: ¿se puede siquiera gobernar el mundo?   

Describe a los autócratas Putin y Xi Jinping como verdaderos matones -algo que parece algo sesgado viendo a los demás- mientras que sostiene que el Occidente tradicional refleja debilidad, mencionando como ejemplo él que EEUU y Europa no pueden ponerse de acuerdo sobre el Área de Libre Comercio Trasatlántico (TTIP). 

Aventura un escenario de pesadilla cuando escribe que en el futuro tal vez Ángela Merkel tendrá que vérselas con una AfD poderosa y con vecinos como Donald Trump (EEUU), Marine Le pen ( Francia) y Beppe Grillo (Italia).

¿Podrá existir en la actualidad algo así como un Orden Internacional? Se sigue preguntando. La solución que plantea es volver a estudiar al siglo XIX cuando Londres, Paris, Berlín, Viena y Moscú regulaban las cuestiones internacionales. Nada dice sin embargo que esa  “gran fase de estabilidad mundial” se logró “con la sed desordenada de todas las codicias”, algo que remite al etnocentrismo europeo del autor, su desconocimiento histórico o tal vez a una filosofía política encubierta.  

Propone también que la Unión Europea –esta vez sin G.B.- se constituya finalmente en un solo estado federado para poder actuar así en el orden internacional. Como periodista europeo propone que los estados de Europa no sólo piensen en sus propios problemas internos sino que propongan una “visión para el mundo”, es decir para un nuevo orden global, una frase que produce ciertos resquemores. Reconoce que se trata de una utopía pero una por la que los europeos debieran luchar.

Desde la expansión europea del siglo XIV y la revolución industrial del siglo XVIII hay ciertas cuestiones que parecieran imposibles de detener. Y en cuanto a esto sin embargo ningún analista serio y en su sano juicio podría negar que el mundo está en el estado actual como consecuencia de la puja de los intereses económicos y políticos de los que lo han gobernado por siglos.  

Si queremos soñar con una nueva utopía sólo hay que anhelar que esta vez los poderosos del mundo, incluidos los europeos, sean más empáticos con el resto.  

 

Links en idioma original

1. http://www.spiegel.de/wirtschaft/unternehmen/grossreederei-hanjin-auf-den-pleite-frachtern-wird-nahrung-knapp-a-1111832.html

2. http://www.spiegel.de/spiegel/seidenstrasse-chinas-neues-projekt-heisst-welteroberung-a-1109975.htm

3. http://www.spiegel.de/wirtschaft/soziales/g20-das-sind-zu-viele-maechte-fuenf-reichen-a-1111799.html

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