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Macri, Frondizi y el desarrollo nacional

"En el furor electoral de 2015, varios dirigentes citaron a las políticas económicas de Arturo Frondizi como “una verdadera guía” y “el camino deseable” para nuestro país. ¿Fue una sincera reivindicación, o sólo meras frases de circunstancia?" cuestiona el columnista Hugo José Monasterio. Y responde.

Macri, Frondizi y el desarrollo nacional
Por Hugo José Monasterio para B2000

I. En el libro “Apuntes desde el confín” resalté que, en el furor electoral de 2015, varios dirigentes citaron a las políticas económicas de Arturo Frondizi como “una verdadera guía” y “el camino deseable” para nuestro país. ¿Fue una sincera reivindicación, o sólo meras frases de circunstancia?  

Cámpora contaba que en 1972 politólogos españoles consultaron a Perón por las corrientes políticas que existían en Argentina. “El general” (famoso por sus respuestas socarronas) mencionó entonces a socialistas, radicales y conservadores. Cuando le preguntaron por qué no incluía al Justicialismo, Perón contestó sonriendo: “¡Ah, es que en mi país todos somos peronistas!”

Hoy, en cambio, parece que los políticos argentinos se han vuelto desarrollistas. Efectivamente, numerosos dirigentes se esmeran por elogiar al frondizismo: lo ponderaron desde Carlos Menem a Lavagna, desde Cristina a Lopez Murphy, desde Duhalde a Carrió. En otras palabras, categorizar a Frondizi como estadista, identificarlo con un proyecto nacional superador, exaltar sus ideas, se ha convertido en políticamente correcto.

II. Así como Macri no es el “neoliberal desaforado” que el ultra-kirchnerismo quiere demostrar, Frondizi nunca se identificó con el liberalismo: era un radical de centroizquierda, y jamás renegó de esa postura.

En 1957 la desesperación por regresar a la arena política electrizaba al proscripto Justicialismo. Ésto obligó a Perón a celebrar, desde el exilio, un acuerdo con los desarrollistas. Así, un año después Arturo Frondizi accedió a la presidencia. Su partido (Unión Cívica Radical Intransigente) captó los votos peronistas y conquistó todas las gobernaciones, dos tercios de la Cámara de Diputados y el cien por ciento del Senado.

Desde el vamos Frondizi mostró que llegaba a ese lugar para emprender una gestión largo-placista. Contaba con un programa de acciones que claramente apuntaban al desarrollo integral de la Nación, revirtiendo incluso posiciones que, en materia petrolera, había defendido como opositor a Perón. A poco de leer sus Planes Anuales de Obras Públicas, se advierte que fue un presidente con innegable claridad estratégica (lástima que ésto le haya sido reconocido recién después de su muerte, en 1995).

Pero pronto Frondizi comenzó a recibir cuestionamientos desde diversos flancos. Parte de ellos nacieron de las altas expectativas generadas por su triunfo (algo similar a lo que hoy enfrenta Macri). Durante la campaña había dejado en claro que las mejoras anheladas se consolidarían a medida que el país avanzara en su desarrollo. Pero la gente no suele tener paciencia ante programas de largo plazo. Las dificultades sociales crecieron, brotó el desencanto, y la euforia  del  comienzo  se  fue  disipando. Las fuerzas armadas no mostraban entusiasmo por los cambios impulsados, y los opositores rápidamente exhibieron un destemplado acoso. El sindicalismo (al que Frondizi imaginó aliado) no tardó en hostigarlo con prolongadas huelgas y atentados a fábricas, argumentando que había traicionado el pacto con Perón.  Así,  en poco tiempo las bases justicialistas mostraron que estaban muy lejos de ser compañeras de ruta.

III. Ante esas vicisitudes, Frondizi hubo de asumir agobiantes retrocesos. De su notable claridad sobre el rol que el petróleo y la siderurgia jugaban en el crecimiento nacional, debió pendular a sucesivos ajustes reclamados por el FMI.  Su plan de inversiones productivas e industrialización fue demorándose por las represiones que exigía el ejército. De la palpable jerarquización del Estado como motor económico tuvo que pasar a una reconversión del sistema educativo, abriéndole puertas a la enseñanza privada. Y así como  contó con el sostén de Rogelio Frigerio en Economía, después se vió obligado a aceptar a Álvaro Alsogaray y Roberto Alemann al frente de ese Ministerio. Pero aún bajo esas presiones y sabiendo que era imposible limar tantas antinomias, siguió luchando por preservar al más completo plan de desarrollo visto en nuestro país.

IV. ¿Qué sintió la sociedad argentina cuando supo que Frondizi había sido derrocado? Duele decir que actuó como si estuviese anestesiada.  Lo refleja el periodista Hugo Gambini en su libro “El estadista acorralado”: “…En ese momento no se pensó en el logro del autoabastecimiento petrolero, ni en los polos siderúrgicos; ni en El Chocón, o el oleoducto Campo Durán-San Lorenzo en Salta; ni en los caminos y aeropuertos comenzados. No pensó en las inequívocas muestras de industrialización, ni en el plan energético que estaba en marcha. Tampoco en su política exterior (a la que Kennedy y el ¨Che¨ Guevara reconocieron por buscar soluciones originales al problema cubano). Tampoco se pensó en sus esfuerzos para  que el peronismo deje de ser un quejoso violento y se integre en forma pacífica a la vida democrática…"
                                                                                                                                                                                            V. De los candidatos presidenciales, Macri fue el más enfático evocador del desarrollismo. Y ahora que está en el gobierno, enfrenta iguales desafíos que Frondizi: pacificar a una sociedad desgajada por la intolerancia, metabolizar antagonismos que no dejan de crecer, dar respuesta a las mil tribus peronistas sin caer en revanchismos, mostrar respeto por la legalidad y, sobre todo, conducir al país hacia un crecimiento genuino y socialmente equitativo. Enfrente, sus opositores “olvidan” que 78% de los despidos recientes no se produjeron en el Estado; sino en el sector privado, agobiado por 22 meses consecutivos de recesión (admitida tanto por Itzcovich y Edwin -del INDEC kirchnerista-, como por Alfredo Zaiat, de Página/12).  Otros organizan marchas permanentes contra los “catastróficos” ajustes tarifarios. Es razonable, pero también les corresponde reconocer que llevábamos 12 años sin actualizar los costos del servicio público.

Esos elogios de Macri tienen su trasfondo: permiten discernir el perfil ideológico del nuevo gobierno. Aquel desarrollismo de Frondizi y Frigerio es el ideario que permite aglutinar a un “Cambiemos” formado por radicales, socialdemócratas, socialcristianos, peronistas “retobados”  y  conservadores.

Macri (primer político que, tras siete décadas, llega a la Presidencia sin ser radical ni peronista) encabeza un partido joven (nacido justamente el mismo año en que surgió el kirchnerismo). Le queda mucho por hacer; ya tuvo (y tendrá) aciertos y errores. Pero será muy bueno para el país que exhiba aquella audacia y pragmatismo  que,  aún  asediado, caracterizó a  Frondizi.-

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