A Parcialmente nublado | 12.2°C | V: Noroeste 18 km/h | H: 72%

La Argentina del ajuste y los tarifazos (primera parte)

El especialista en economía Hugo José Monasterio presenta dos informes sobre las políticas aplicadas por el nuevo Gobierno nacional.

La Argentina del ajuste y los tarifazos (primera parte)
Por Hugo José Monasterio para B2000

I. Según parece, la historia de nuestro país nunca deja de reciclarse: aquéllos que en 2015 se postularon para asumir la Presidencia sabían ya que la economía nacional estaba encerrada por mil condicionantes. Dos candidatos (Macri y Massa) coincidían en la necesidad de ajustes severos, aunque discrepaban sobre la inmediatez o gradualidad con que debían aplicarse.

Scioli, en cambio, prefirió, centrarse en “reforzar los numerosos aciertos, encarar lo pendiente y corregir lo que no salió como se esperaba”. Para él no había riesgos ni correcciones importantes que hacer.

II. ¿Cuáles eran los flancos abiertos que dejó la anterior gestión? Aunque se diga que “no fue magia”, el país pasó años moviéndose en los límites de un modelo que sólo podía sostenerse si las condiciones externas ayudan.

° El agro pudo trabajar bien mientras el precio de la soja permitió compensar el atraso cambiario que mostraba la economía  (resultante del bajo valor que se decidió establecer para el dólar oficial).
 
° El petróleo y el gas ayudaron hasta que su infraestructura quedó saturada; como no se ejecutaron inversiones que resultaban vitales  y las pocas obras finalizadas fueron insuficientes, la producción nacional terminó desplomándose.

° Como dando argumentos a Mario Teijeiro (economista de FIEL que critica  duramente a lo que llama “populismo industrial”), el gobierno fue cerrando nuestra economía al comercio externo. Su idea era fomentar que las fábricas nacionales reemplacen a la producción extranjera. Pero este proceso de sustitución de importaciones está  lejos de poder completarse: cientos de insumos, materias primas, productos semi-procesados y recursos tecnológicos deben ser indefectiblemente comprados en el exterior (sea por carencia de desarrollo autónomo, límites a nuestra producción física, costos locales elevados, o escasez de recursos financieros).

° En paralelo, desde 2007 nuestras exportaciones industriales empezaron a declinar por la pérdida  de competitividad que ocasionaba aquel mismo atraso cambiario. Además, la menguada producción de petróleo y gas restó chances de conseguir divisas “frescas”. A ello se agregaron recortes de operaciones que dispusieron Brasil, España, Rusia, China y Chile,  en reclamo porque les comprábamos cantidades cada vez menores de sus productos. Así, los saldos favorables de la balanza comercial fueron disminuyendo.

° Buscando que el consumo popular actúe como gran disparador de la economía, el gasto público creció sin respiros, aún conociéndose el cuantioso déficit fiscal que generaba. Esa cañería se mantuvo abierta gracias a emisiones monetarias, préstamos del Fondo de Garantía Solidaria de ANSeS o el uso de ganancias de los Bancos Central y Nación. Y si bien  permitió una exuberante demanda interna, la inflación no tardó en erosionar el bolsillo de los consumidores. 

A diciembre/2015 el déficit fiscal heredado llegó a 7,2% del PBI. Hubo réplicas, señalando que ese porcentaje había sido inflado por el nuevo gobierno. Afirmaban que parte de lo computado no eran gastos corrientes, sino deudas del Estado. Pero la contabilidad pública mostró que efectivamente eran costos ya  incurridos (y, además, se encontraban  impagos).
° Para que el fogón del consumo pudiera mantenerse vivo, se necesitaba mayor presión tributaria. Así nacieron las retenciones “móviles” al campo (un recurso que daba resultado siempre que los mercados internacionales no se cayeran;  si ésto ocurría, nuestras exportaciones iban a derrumbarse y el déficit fiscal crecería aún más).  

° Los plazos fijos “funcionaron” hasta que la inflación convirtió a las tasas de interés en negativas. Así, fue cayendo el nivel de ahorro de personas y empresas (verdadera columna para todo crecimiento genuino). Disminuyeron también los créditos; y la compra de dólares pasó a ser el refugio más buscado para evitar pérdidas de poder adquisitivo.

° La aparición de nuevos tipos de dólar (“blue”, “sojero”, “turista”, financiero) hizo que la incertidumbre aumentara. Para evitar fugas de capitales, se establecieron restricciones cambiarias (que sólo funcionaron parcialmente).
°  Al 10 de diciembre el atraso cambiario, medido como marcan los libros -o sea, comparando al dólar oficial con el tipo de cambio real que en ese momento equilibraba al mercado ($ 16)- era tan significativo (46,7%) que igualaba al desnivel existente en los finales de la convertibilidad.
°  Las tarifas de servicios públicos (en particular, para el abastecimiento energético) estaban demasiado retrasadas (medidas a dólar oficial, eran tan bajas como las de Cuba y Venezuela). 
°  En su Informe de octubre/2015 el INDEC admitió que la industria llevaba 22 meses de caída en su nivel de actividad y aceptaba, incluso, que el ritmo de crecimiento del PBI se había desacelerado a partir de 2011. Bajo ese contexto, los niveles más críticos de retroceso se observaban en las economías regionales (decenas de tambos y pequeños frigoríficos debieron cerrar).

III. En suma, realizar ajustes era inevitable, cualquiera fuese el gobierno que asuma. Y esos cambios necesariamente debían iniciarse equilibrando las cuentas fiscales.

Había que subsanar miles de puestos estatales  improductivos, grotescamente vinculados a la militancia rentada.  La sociedad necesita y reclama bienes y servicios públicos de calidad. Sin embargo, nos dábamos el lujo de tener una Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional (cuyo titular, Ricardo Forster, se limitó a dictar dos conferencias; una de ellas, en Bariloche). Vimos a Daniel Filmus ocupar, con rango de embajador, una inactiva Secretaría de Asuntos Relativos a Islas Malvinas, Georgias, Sandwich del Sur y Espacios Marítimos Circundantes (su tarea más agotadora fue crear cargos y asesorías para simpatizantes camporistas). Había tres Direcciones de Área en el Centro Cultural Kirchner, cuyas funciones se superponían en forma permanente. Hubo sobre-empleo sin funciones específicas en la Biblioteca del Congreso, el Senado, Fabricaciones Militares, Tecnópolis, INDEC, Aerolíneas Argentinas. 

IV. Ajustes que podían haberse concretado de manera menos traumática fueron entorpecido por dos factores. El primero de ellos, una agobiante espiral inflacionaria, que empezó tras conocerse los resultados de la primera vuelta electoral. Se generalizó entonces la sensación de que “Cambiemos” podía ganar el balotaje. Y como durante la campaña Macri había afirmado que se necesitaba una devaluación, Jorge Brito (el mayor banquero privado del país) “avisó” que su sector apostaba a un dólar a $ 20. Esto disparó a los grandes formadores de precios. Con Alfredo Coto a la cabeza, recalcularon su ecuación costos-beneficio partiendo de la supuesta nueva cotización, y rápidamente trasladaron esos resultados a la góndola. Ejercieron, incluso, presiones sobre fábricas como Menoyo para condicionar el abastecimiento a Maxiconsumo y otros mayoristas que se negaban a aumentos anticipados.  Una vez abierto el cepo, el dólar jamás llegó a $ 20 (subió hasta $ 16, y ahora están soplándolo para que no caiga de $ 14). Sin embargo las grandes cadenas nunca  rebajaron sus precios, lo que les permitió aumentar casi 35% sus ganancias habituales.

La otra gran perturbación estaba dada por los despidos generados en el sector privado: ya en 2013 se comenzó a prescindir de trabajadores por caídas en la producción. Recordemos las reducciones de turnos y suspensiones laborales en terminales automotrices, los conflictos en Cresta Roja, Kraft y Lear, las cesantías de tercerizados en los Ferrocarriles Roca y Sarmiento, las huelgas de petroleros en Las Heras y de obreros de la construcción en Rio Gallegos. Muchos de estos conflictos fueron tapados con planes sociales, pero quedaron como hierro caliente para el nuevo gobierno.  

V.  Era inevitable corregir el valor del dólar, claramente depreciado. Se calificó de “brutal” a la devaluación que  ejecutó Prat-Gay (60%). Pero Kicillof hizo caer al peso en una proporción casi igual: 56,3%  (ver “El ministro más devaluador en 12 años de gobierno kirchnerista”, de Juan Gasalla, INFOBAE, 8/10/2015). 

Por otra parte, de la devaluación de Prat-Gay sólo 12% se trasladó a los precios minoristas (que ya habían sido aumentados un mes antes de que Macri asuma), mientras que 33,78% de las devaluaciones ejecutadas por Kicillof fueron directamente a engrosar la espiral inflacionaria del país (ver iEco, Clarín, 13/3/2016).   

VI. Era esencial reducir la continua emisión de pesos a que se había acostumbrado el kirchnerismo: a fines de febrero 2016 el gobierno actual la había bajado ya en 32,8% (La Política On Line, registros desde el 16/2/2016).

VII. Era imperioso recomponer las reservas del BCRA: de los U$S 24.855 recibidos en diciembre de 2015, al 10/6/2016 han subido a U$S 31.345 según el Informe Diario de esa institución.

Un complemento básico para estos  ajustes era el cambio de orientación en nuestra política exterior. Necesitábamos re-vincularnos con Occidente, cumplir las resoluciones de la Organización Mundial del Comercio (que en cuatro años nos sancionó 2 veces), acatar las sentencias del CIADI y avenirnos a fallos de la Justicia estadounidense (a la que Néstor y Cristina eligieron en 2005 y 2010 para arbitrar nuestros canjes de deudas).

Llevar a cabo esas medidas significará avanzar hacia una mayor credibilidad, tal que genere ingresos de inversiones para reactivar a la economía. Sobre su gradualismo o inmediatez se abrió una encendida polémica. El Presidente optó por políticas graduales que sugirieron Prat-Gay y Frigerio (elogiadas por Juan José Llach, González Fraga y Mario Blejer). Otros afirman, en cambio, que debió haber sido más mesurado (Miguel Bein, Roberto Lavagna, Aldo Pignanelli).  Desde el rincón opuesto el ala dura del CEMA y los ortodoxos Miguel Broda, José Luis Espert y Roberto Cachanowsky le reprochan ser  demasiado  “tibio”, ya que –según dicen-  debió aplicar cirugías drásticas desde el primer momento.

Entre apoyos y cuestionamientos, hasta Bein y Blejer (que asesoraron a Scioli en la campaña electoral) coinciden en que era imposible insistir con un modelo que estaba agotado.  Hubiésemos entrado en nuevos circuitos de endeudamiento para nivelar las cuentas públicas.  Y si se lograba, tendría impacto sólo en el corto plazo: la aparición de nuevos desfasajes fiscales exigiría mayores ajustes (máxime porque no se advertía voluntad de eliminar al clientelismo político).

Macri ha elegido el rumbo que más antipático le resulta al ciudadano común (el camino “políticamente incorrecto”, dirían los politólogos); pero es el modo de cortar una sucesión de desequilibrios muy nocivos. No podemos permitir que se quiebre el sistema productivo: agro, industrias, petróleo, gas, economías regionales, turismo. Estas son las vértebras que sostienen a la vida diaria; y detrás de esas vértebras se encuentra nuestra gente, médula misma de la Nación.-

Créditos / Fotografías de: Archivo Alejandra Bartoliche.

Compartir
Participar

Encuentros en mamuschka

Ver todas las Entrevistas

El clima en Bariloche

A
12.2°C
V: Noroeste 18 km/h
H: 72%
hoy
2
8°C
22°C
mie
2
9°C
28°C
jue
A
10°C
33°C
vie
a
10°C
29°C