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Historia de un perro llamado Leal

Una fábula que utiliza la metáfora para resaltar los valores de la humanidad. El escritor chileno Luis Sepúlveda cuenta las sensaciones desde la perspectiva de una mascota. Un especial de Nora Blok para B2000.

Historia de un perro llamado Leal
Por Nora Blok para Realidad, Ficción e Imaginación de B2000

Un género literario desusado: la fábula es el pretexto para una deuda pendiente: dejar constancia de la vida de su gente y sus ancestros. El protagonista, Leal, es un pastor alemán quien cuenta la historia.

Desde un argumento lineal aborda una temática singular y polémica. No siempre relegada; pero sí velada. Son escasos los autores que se atreven a su tratamiento y una vez conocido la tolvanera se eleva.

Luis Sepúlveda se inscribe en el procedimiento “magia de la realidad” con el que tiñe a sus historias de encantamiento como un componente adjunto de nuestra sociedad y modo de ser.

No es el único. En Argentina, podemos nombrar a Osvaldo Soriano y Mempo Giardinelli. En Cuba, a Padura Fuentes. Con esta técnica se distancia del realismo mágico de Gabriel García Márquez.

Dado ese encuadre, Leal cuenta su historia desde cachorro y las peripecias que debe vivir en dos sitios distintos y con diferente tratamiento. Por ello dirá: ”Sueño con lo que perdí y mis sueños me llevan al gélido día en que caí sobre la nieve”.

Dos realidades. Pero sus sentidos avizoran a personas y sus acciones. Asume con ello una postura crítica de quienes aman la naturaleza y la respetan en oposición a aquellos que tratan de perturbarla y arruinarla en aras de oscuros beneficios.

Es una percepción que lo lleva a distinguir entre “una manada de hombres” y la “Gente de la Tierra”, aunque haya otros elementos que no puede diferenciar con la sabiduría de los mapuches. Por ejemplo, “el verde de la hoja del alerce no es el mismo que el de la hierba, pero yo no puedo distinguir la diferencia, pues soy un perro”.

Así esa oposición entre pueblos y saberes nos hace conocer un universo en el que la ética aflora e invierte, en esa mirada canina, tintes antropológicos, culturales y políticos. Desde lo lingüístico  y con sentido estricto, el registro de palabras mapuches y su correspondiente en español no dejan de ser un aporte –no solo para quienes les dedica esta historia- sino también para todos los lectores.

La descripción del paisaje es otra ventana abierta que invita a tomar postura. Es quizás donde la inferencia juega un papel preponderante en esa dicotomía inamovible de tolerancia e intolerancia mutua. Leal la olfatea, la evoca en su itinerario azaroso y observa el desconocimiento perverso con desconsuelo.

Las ilustraciones acompañan en el dibujo de Marta R.Gustems. No obstante, es necesario destacar que todas las dicotomías que desenvuelven el relato se anudan; pero no se asemejan a las producciones del realismo social ni al naturalismo.

Ambas corrientes literarias se pueden percibir erróneamente en lo que hay detrás de las líneas (ideología) que se explicitan en lo que cuenta Leal y contrapone en sus consideraciones.

Sí, detrás de ellas hay presencia moral y la ocasión de valorar en esos contextos sus propias refutaciones. Las inclinaciones de pastor alemán, sus sagaces representaciones favorecen a la reflexión ineludible.

Un “Dungu” (palabras) al comienzo y un glosario al final de las noventa y cuatro páginas señala-como toda fábula-un interés educativo. Las moralejas -que pueda interpretar el lector- no dejan vacilaciones; pero ninguna de ellas al estilo tradicional. Audaces planteos en un ágil hilo narrativo. Todos acordes al siglo que nos contiene.

Luis Sepúlveda (chileno) autor de “Un viejo que leía novelas de amor” con esta última producción literaria goza de esa idea ecologística de la posmodernidad en la que es el hombre, quien sumido en la ignorancia, etiqueta y descalifica a todos los grupos humanos. Todo ello con la incorporación del personaje Leal como interlocutor imprescindible.

Por último, todo lo que aquí se cuenta nos lleva a recordar la figura de “Calibán”, un personaje de Shakespeare. Roberto Fernández Retamar dice que: ”Calibán es un anagrama de caníbal forjado por el autor inglés”. Todo un símbolo –en  definitiva-para América Latina en la época de Colón.

En nuestros días, una metáfora del accionar de algunos políticos que llevan a cabo el trabajo sucio del que van a disfrutar otros y ellos en distinta proporción. Visión degradada de gobernar y un  despliegue contradictorio entre un discurso oficial en menoscabo de un discurso real.

De fácil lectura. Pero no rápida. Mucho para descubrir y pensar. Puede el lector quedarse solo con el argumento. Sin embargo, hay mucho más que la sencilla historia de un animal.

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