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Emergencias en un país emergente

Escribe Hugo José Monasterio, del grupo Nutriente Sur. Sostiene que más allá de las particularidades de cada época, las claves del desarrollo se asentaron siempre en los mismos e inalterados fundamentos: pensar, crear, innovar. El material integra el libro "Apuntes desde el confín".

Tiempo atrás se sabía ya que la mayor riqueza de un país reside en las aptitudes y capacidades de sus ciudadanos: el “capital intelectual”,  como la llaman las neuro-ciencias. Al respecto, durante siglos la idea de prosperidad se basó en  poseer  y  explotar  la  tierra.  Luego las “grandes oportunidades” se cimentaron en extraer y procesar minerales. Más tarde vinieron las producciones industriales. Ahora es el tiempo de los avances tecnológicos.

Pero más allá de las particularidades de cada época, las claves del desarrollo se asentaron siempre en los mismos e inalterados fundamentos: pensar, crear, innovar. Así fue como pequeñas naciones son hoy más prósperas que estados muy ricos en recursos naturales; y lo han logrado gracias a sus inversiones en educación, conocimiento, investigación.

Contra lo que solemos pensar, el capital intelectual de un país no se limita a los recursos cognitivos de sus sectores mejor preparados; va más allá: incluye también a las habilidades sociales y capacidades colectivas para encarar nuevos desafíos. Y esta confluencia de valores es lo que permite a personas, familias y comunidades encaminarse hacia una mejor calidad de vida. Imaginar, proyectar, diseñar estrategias, replantearlas, conducen a cristalizar objetivos particulares y generales, convirtiendo a lo ideado en realidades materiales o verdades perceptibles.

Cada persona es una unidad social que puede contribuir a forjar entramados comunitarios crecientemente complejos. Es por esto que con el correr del tiempo se fueron creando escuelas,  bibliotecas, academias, universidades. Y ante la necesidad de estructuras mayores, que abarquen y trasciendan a las familias, a lo local, a la microrregión, fueron “inventados” el Estado y la política.

La política debe funcionar, entonces, como gran herramienta de transformación, que permita mejores modos de organización comunitaria y la concreción de proyectos de alto valor social. Sin embargo no todos deseamos lo mismo para nuestros pueblos, ni vemos a la política de la misma manera. Surge entonces la necesidad de proponer, debatir, ponernos de acuerdo, discrepar, elegir.

La evidencia de que existen objetivos diferentes (y por lo tanto, caminos distintos) nos lleva a advertir que en todo conjunto social existe lo “urgente” (que no puede postergarse) y lo “importante” (aquéllo que termina dándole sentido a la vida en comunidad).

Lo urgente

En las neurociencias se llama “emergencia” a lo que resulta urgente. Es decir, situaciones que afloran como absolutamente prioritarias. Y aquí me permito citar a Abel Albino, compatriota que lleva 2 décadas dirigiendo la Red CONIN. En su libro “Desnutrición, el mal de una comunidad” se pregunta: “¿Qué puede resultar más acuciante que atender a los niños? Entre tantos apuros sociales, ninguno apremia más que preservar y defender la integridad física y mental de la niñez…Primero tenemos que cuidar sus neuronas, para después pensar en educarlos…”

En su Cumbre sobre Seguridad Alimentaria (Roma, 18/11/2009)  la FAO señaló: “La falta de estímulos familiares y comunitarios, la ausencia de afectos y contención, el hambre, el frío, las enfermedades que sufran los pequeños, terminan significando un auto-atentado para la sociedad. Esas carencias generan impactos muy destructivos en el desarrollo neurológico de un niño. Está probado que la desnutrición puede derivar en alteraciones mentales. Sin buenos alimentos, las mentes infantiles terminan convirtiéndose  en  débiles  y  vulnerables…”  Por su parte, en el enlace “Educación de calidad para millones”, UNICEF enfatiza: “La mala alimentación crónica quita y hasta elimina oportunidades al niño. Cuando la familia, la comunidad, el Estado lo desprotegen, se reduce su presente y arrebatan su futuro; pero además recortan sus propias chances de desarrollo como nación…”

Como vemos, esto ha sido largamente divulgado por la ciencia. Pero quienes deben resolverlo no son los científicos, sino los gobiernos a través de políticas públicas apropiadas. Considerando que Argentina puede producir alimentos para cientos de millones de personas, es lamentable que existan hambre y pobreza en nuestro país.  Que la sociedad, la economía y la política actúen como si esto no pasara,  resulta más deplorable aún. Es simplemente ceguera frente a tan crudo impacto social.

Lo peor que podemos hacer es negarlo: decir que el INDEC no calculaba la cantidad de pobres “para  no estigmatizarlos”, carece de toda razón. Tanto que alguien de la misma línea política (Julián Domínguez) respondió durante un acto en Chivilcoy: “Hablar de pobreza no es menoscabar a los que están en esa situación;  no hay  que barrer  la basura debajo de la alfombra”. Y agregó: “De acuerdo a nuestros datos, los pobres representan un 15% de la población argentina”.

Podemos acordar o no con ese cálculo;  pero fue un eco perfecto de lo que siempre pregonaba Alfonsín: “ocultar la pobreza significa discriminación; y la discriminación siempre daña al crecimiento colectivo…”

LO IMPORTANTE

Ahora bien, limitarnos sólo a lo urgente y archivar los planes a largo plazo es  una postura que terminará mordiéndose sus propios talones: si analizamos la historia nacional observaremos que los proyectos verdaderamente importantes han sido aquéllos que, aún en un mar de emergencias, supieron ver más allá. Y por eso fundaron paradigmas diferentes y beneficiosos. Así, lograron trascender al breve tiempo que nos toca estar en este mundo.

Olvidar el largo plazo significa tirar por la borda proyectos  elaborados  por  muchos argentinos que no sufrieron "miopía del futuro". El fomento de la educación pública es vital: ya en anteriores columnas hemos recalcado que el progreso económico no basta para eliminar a la pobreza: permite dar pasos sólidos en esa dirección; pero sólo es efectivo si va acompañado por mejoras sensibles en la calidad educativa. Las Metas 2015 de la UNESCO lo dijeron con simpleza: “la revolución educativa es el gran programa de lucha contra la pobreza…”

El apoyo a ideas y emprendimientos nuevos, el sostén a investigaciones científicas siempre crea trabajo;  pero también genera algo clave: fortalezas sociales. El mundo se va a olvidar de nosotros si nuestras estrategias desechan al crecimiento tecnológico. No se trata de lujos reservados a países ricos, sino del sustento imprescindible para naciones que quieren desarrollarse.  Además, la “política del conocimiento” tiene otros potenciales: mejoría de oportunidades, generación de bienestar emocional en las personas a partir de su bienestar económico, fortalecimiento de vínculos comunitarios, una conformación más armónica del tejido social.
Pero quienes cumplen roles políticos deben ser los primeros en asumir que el Estado no es un botín de guerra; los recursos de la gente no pueden utilizarse como usinas de riqueza propia o alcancía para sus partidos. Haber creado en las últimas jornadas de gobierno puestos ficticios para que miles de adherentes y simpatizantes entren a la función pública por la ventana, nos perjudicó a todos.

El más claro al respecto fue el Papa Francisco: el 16/1/2016 expresó ante el Cuerpo Diplomático acreditado en El Vaticano: “La política tiene que ser una de las formas más elevadas de la caridad; el que pudiendo hacerlo, no se involucra en busca  del bien común, es un egoísta;  y el que la use para beneficio suyo, es un corrupto…Cuanto más se aproximen intelectuales, profesionales y obreros a la política, más desdibujadas quedarán  las fronteras entre el Palacio de Gobierno y la calle…y debe ser la sociedad la que custodie y preserve esos valores…”

El 4 de abril de 1968 Martin Luther King cerró el que fue su último discurso diciendo: "Igual que Moisés, alcancé a subir la montaña y logré ver la Tierra Prometida. Puede que no llegue hasta ahí…lo importante es que lleguen ustedes".
Convicciones personales y sociales como éstas son las que enderezan el futuro de los pueblos.-
    

Créditos / Fotografías de: Pagina del comedor

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