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Escribe el lector interactivo Alejandro Vaccari para compartir un comentario mezcla de sueño y realidad, en el que un Buenos Aires antiguo ofrece su promesa desde el pasado y se entrecruza con las disputas políticas que, en el presente, dividen aguas.
Soñé desde Bariloche…
Soñé un Buenos Aires antiguo, quizá el que vieron mis padres o yo mismo de pequeño, era una ciudad de conventillos, galerías y grandes casonas señorial y pomposa, una promesa de felicidad y progreso.
Las imágenes, de un lujo impactante y señorial, Con la pátina que deposita el tiempo, solo sobre los metales más nobles un tono verdoso y pastel incluso algo ennegrecido, igual que el óxido sobre las antiguas monedas de cobre que engalana lo antiguo con un tinte de cierta nobleza.
En realidad aún es joven Buenos Aires, aunque recrea en sus edificios la arquitectura de una europa antigua, mezclando razas, estilos y costumbres. Delicados ventanales de cedro, vidrios curvos y biselados, balustres de bronce y el hierro forjado en negro impecable la sobriedad del conjunto contrasta con caprichosas molduras de cemento quizá las firmas de orgullosos albañiles, grandes laburantes, mostraban en cada ornamento la calidad y destreza de sus buenos oficios.
En un interior extrañamente cálido y a la vez algo sombrío una señora anciana hablaba por su teléfono en perfecto inglés quien sabe con su hermana que se quedó allá en su tierra de origen, escuchaba palábras en mil idiomas, que construían mil historias de inmigrantes que abordaron además de un porvenir distante y nuevo la construcción de buena parte de ésta que es hoy nuestra historia.
¿Dónde quedó esa tierra de promesas? ¿Dónde quedaron la cortesía y el respeto que eran habituales, el saludo cordial del vecino, la comunidad cercana y conocida, la confianza, la inocencia…? ¿Será el superconsumo, que robó al almacenero su libreta, será que al madurar y crecer se pierde la frescura de ser niños, era solo la magia de lo nuevo, la aventura de una nueva tierra será la Iglesia a la que ya no asistimos, será la mentira del político, ó lo alocado del colectivo?...
Hoy Buenos Aires, verdadera ciudad del furia, te consumen la anarquía, la desidia y hasta el vicio; luego desfasadas y en tu estampa, mil ciudades que construyen en vos la idea del gran modelo, se suman al adebacle al mismo ritmo y en su debida escala, entonando el canto funesto de cada día, nuestro tango fatal con su siempre cruel y sentenciado destino. Vendimos a “la Vieja” para despilfarrar los mangos en timbas y trasnoches hicimos a un lado el premio al esfuerzo, la voluntad y el valor del trabajo, el norte de ganar el mango con el sudor de la propia frente, hicimos a un lado cada valor moral, en la búsqueda del consumismo, de una vida acelerada que corre sin timón; quizá seguimos modelos que no son nuestros, o quizá es que estamos en busca de un modelo que aún no encaja o que aún no encontramos.
Lo cierto es que nuestro vivir de hoy tiene poco en común con la actitud del aborigen que entendía, amaba y cuidaba la tierra; y tampoco tiene mucho que ver con el tezón y la dedicación de cada inmigrantes que venía dispuesto a cada esfuerzo en pos de forjarse un futuro venturoso…
Esta tierra bendita, Argentina quizá por los espejos de sus aguas, ríos, lagos y mares, riquezas potenciales por doquier; belleza innata, regalos del “tata” Dios, no hemos crecido ni estado a la altura del Edén que nos han brindado.
No hemos desarrollado ni hemos crecido en la justa medida. Somos aún como un adolescente desalineado, siempre descontento y pendenciero, cree que entiende y que no lo comprenden los demás, cuando en realidad no escucha, ni atiende y solo sabe de protestas y piquetes.
Inteligencia y viveza no son la misma cosa, y estamos llenos de “vivillos”; la viveza oculta una moral escasa a la que poco le importa el resto, más allá del propio ombligo no entiende, y así el bien común es solo un eslogan, una pose.
Querida Argentina, cuando crecerás… Cuando fijarás un claro norte, primando el derecho de todos a la verdad a la igualdad… sin equidad no hay justicia, Cuando amarás a tus hijos, cuando entenderás que son tus hijos uno y cada uno, y les abraces con todo tu poder… Cuando permitirás a tus habitantes ser adultos, crecer y hacerse responsables de su destino y así por fin del tuyo, de la grandeza, a la que siempre fuiste destinada…
Soñé un hospital, donde mi brazo izquierdo estaba lastimado y bendado, un corte profundo y el golpe aún duelen en el sueño, la enfermera retira las vendas algo adheridas a la herida que está notablemente mejor aún puedo apenas mover los dedos, más sé y entiendo que sanará; abajo en el hall se oye bullicio, es que está la familia, los afectos que esperan ansiosamente mi regreso a casa…
El sueño es algo confuso, ésta es una vieja herida, quizá como esos fantasmas del pasado, esos viejos montruos nebulosos que se forman desde el desconocimiento y el miedo, y se acarrean por años y aún décadas, quien sabe hoy se manifiestan buscando sanar. Así entendí de éste sueño, el representar de nuestra historia común, un país que no logra conciliar su pasado y su presente y que está tentado a repetirse, si no reconoce tus heridas y saca por fin esas vendas, no habrá reencuentro.
Siento que las posturas a favor y en contra están equivocadas, la polaridad antagónica K y anti K, polarizarse en extremo es el craso error, no se puede disolver un imperio mediático si la intención es la de imponer otro, no se puede hablar de justicia mientras haya privilegios y desigualdad, no se puede hablar de derechos y de democracia mientras no haya respeto a quien piensa diferente, esto es el autoritarismo, el fascismo de antes es también el de hoy…
En un momento tomé partido, en otro empecé a darme cuenta de la trampa que cada extremo encierra, ni uno ni otro servirán, porque los antagónicos opuestos a la larga terminan siendo demasiado parecidos, y han hecho ya tanto daño… ésto también lo hemos pasado y sufrido ¿Cuándo aprenderemos? No se llega a ningún lado si no se define primero adonde se quiere llegar. Habrá derechos cuando se atiendan las obligaciones que éstos traen, Habrá justicia cuando se fije la mira en la equidad de derechos, Habrá libertad cuando haya tolerancia y respeto, Habrá seguridad cuando los límites se establezcan con claridad y firmeza, Habrá cimientos sólidos cuando no se falte a la verdad, Habrá prosperidad cuando nos esforcemos por lograrlo,
Puede que no sea fácil y puede que sea utópico creer que aún se puede, aunque quizá el facilismo se halle en creer que se puede crecer y cambiar sin entender y sin madurar.
Alejandro Vaccari
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