El jardín de gente
Viernes 10 de Febrero de 2012 18:09 - 4979 Lecturas.

almendra
El homenaje de Hans Schulz al querido "Falco" Spinetta llega, como era de esperarse, en las Crónicas que escribe para B2000. "Y ya no sé si es que amanece, o veo el cielo como una gran collage… El collage de la depredación humana", expresaba con aguda poesía en Jardín de Gente (1998).


El jardín de gente


SpinettalandiaYSusAmigos

“Alguien debió conservar y cuidar con amor este jardín de gente,
Eso es lo que nunca será. Como harás para ver y aliviar el dolor en el jardín de gente
Algún acuerdo en tu alma tendrás. Y ya no sé si es que amanece
O veo el cielo como una gran collage…
El collage de la depredación humana.”
(Spinetta, “Jardín de Gente”, 1998)


Fue Marcelo el que me comentó que era común que muchos periodistas guardaran en sus escritorios los obituarios actualizados de músicos famosos para estar listos en el caso de que ocurriera alguna fatalidad imprevista. No fue mi caso. Además ya corrían por todos lados los rumores de su enfermedad y muchos temían lo peor. El viaje de Diego Rapoport a visitarlo en Buenos Aires y su prematura muerte el 30 de diciembre del año pasado ya nos predispuso con un ánimo de tristeza y desconsuelo. Finalmente sucedió lo inevitable: los años que vienen a cobrar su tributo.

Sin embargo con los músicos, los escritores, los cineastas y los actores y artistas en general sucede algo extraño, la muerte no es la misma muerte que la de los demás porque los sobrevive su obra, una obra que se entrelaza con nuestras propias vidas. La música, los libros y el cine de una cierta época son para cada generación parte de una historia compartida. Por eso los influyentes no se van, siguen allí como si nunca se hubieran ido.

En los comienzos, es decir en los albores del rock de acá, los músicos y sus incondicionales eran pocos y la mayoría se concentraba en la ciudad de Buenos Aires porque el Rock es urbano por naturaleza. En ese entonces las tribus de los diferentes, con sus ropajes, su música y su pelo largo solían llamarse los náufragos. Algunos de ellos, cultores del sueño hippie, recalaron en El Bolsón. ¿Quién no recuerda ese Long Play compuesto a fines del año 1972 en las Golondrinas y grabado luego en Buenos Aires y editado bajo el nombre de “Miguel Cantilo y Grupo Sur”? Claro que para ese entonces ya estaba casi culminando
la primera etapa del movimiento que empezara con Sandro, Tanguito, Los Gatos, Manal, Almendra – su primer disco es del año 1969 -, Vox Dei, La Cofradía de la Flor Solar y tantos otros más.

Pero no es este el momento de hablar de historia sino de la cultura popular que nos acompañó durante tantos años de las más variadas formas. Porque el rock o la música popular en general están presentes desde que tenemos uso de razón o incluso desde antes. Están allí omnipresentes como las historietas, las series de la televisión o los programas de radio. Lo veo en mis hijos que indiferentes en apariencia a lo que ocurre a su alrededor son permeables a todos los estímulos.

Y allí está Spinetta, “el flaco”, el compositor sofisticado de la poesía difícil, a la distancia casi un poco afectado y con una jerga que pareciera pertenecer a algún reducido círculo de iniciados. Digo a la distancia y con mucha agua bajo el puente. En ese entonces, en los tiempos creativos y fundacionales del rock local era algo especial, un “progresivo” sin ninguna duda, y además, un poeta. “Muchacha ojos de papel” o “Plegaria para un niño dormido” del primer disco de Almendra son canciones inolvidables que no morirán nunca al igual que “Durazno sangrando” o “El anillo del Capitán Beto” de su etapa de Invisible.

¿Qué decir de “Todas las hojas son del viento” o “Cantata de puentes amarillos” de su álbum Artaud o de “Corto”, un verdadero Haiku de su etapa de Pescado Rabioso? Podríamos seguir con una interminable y subjetiva enumeración de temas de su vasta obra discográfica que han influido en nuestras vidas a lo largo de los años, ¡largos años ya!, pero cada uno tendrá la suya.

Ahora que vivimos en una era adormecida por la imagen y se ha empobrecido el universo de las palabras con que enunciamos ideas, describimos realidades y expresamos sentimientos la poesía del Flaco, es decir su mirada sobre las cosas, ha cobrado inusitada vigencia. Y fue en algún programa de “Pura Vida” de Marcelo Moscovich que llevamos ese disco doble que editara junto a “los socios del desierto” en el año 1997 para deleitar a la audiencia con temas como “Cheques”, “Bosnia” o “Jardín de Gente”. ¡Vaya nombres apropiados para los tiempos que corren en nuestra ciudad!

En un estos años áridos y recargados de materialismo en los que pareciera que nuestras aspiraciones e ideales han sido asfixiados por las preocupaciones de corte económico y la obsesión consumista es bueno recordar la música y la poesía de un Luis Alberto Spinetta que a lo largo de varias décadas compartió con nosotros su mirada de artista. Como sucede en muchos casos, frases breves, metáforas y unos pocos versos de una canción describen estados de ánimo, intuiciones y acaso el maltrecho espíritu de una época. Yo revisé la discografía que tenía en casa y me quedé con “Jardín de gente”, una canción
del año 1998 que en unas pocas palabras resume una aspiración nunca lograda y por oposición el estado general de las cosas en nuestra ciudad y provincia. Proyectar utopías y advertirnos sobre las cosas esenciales que se nos escurren por entre nuestras manos a medida que van pasando los años es el legado enriquecedor de algunos artistas.

almendra1Tapa del primer disco de Almendra (1969) Dibujo de L.A.Spinetta


Hans Schulz / Crónicas / B2000

El jardín de gente
 

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