Mallea en Realidad, ficción e imaginación
Jueves 02 de Febrero de 2012 17:03 - 4950 Lecturas.

malleaLa decimosegunda entrega de Realidad, ficción e imaginación propone a Chaves, obra maestra del escritor bonaerense Eduardo Mallea (1903-1982). Por Nora Blok de Pecchia especial para B2000.



Eduardo Mallea (1903-1982)
. Nació en Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, fue médico, escritor y diplomático argentino. “Chaves” es un relato breve y riguroso. Cuando  Ricardo Güiraldes cierra la tradición gauchesca en la Literatura argentina y ofrece una toma de conciencia de la nueva realidad del país, este autor responderá en seguida con una actitud existencial del hombre en el marco de la problemática mundial, en lo que se ha conocido como su “ideario” pasional.

En coincidencia con la crítica, “Chaves” es su obra maestra. Una historia poblada por seres humanos que revelan caracteres, personalidades y modos de ser semejantes. Con escasas diferencias, son seres solitarios, reflexivos, apesadumbrados, con exigua capacidad para la comunicación fluida con otros.

Chaves decide, un buen día, y después de sentirse marcado por hondas heridas partir hacia un aserradero en  la búsqueda de un trabajo que le permita sobrevivir. Decisión que va acompañada de imágenes inolvidables, desde el punto estilístico, con la cuidadosa selección de verbos y adjetivos: “las sierras giraban desde las siete de la mañana”; (…)”en la casa de fábrica, aislada, taciturna, insociable, vivían los capataces”, entre otras.

Digno –también-de observar es cómo plantea el conflicto:”Y entre los hombres de los galpones y los hombres del agua permanecía establecida cierta pugna”. Contestaba siempre con economía de palabras y ello molestaba a los demás. “Defendía su soledad como sacra cosa suya y provocaba en los otros un latente furor”, un  protagonista “alto, cobrizo, de cara escuálida y regular, de pelo negro y labios anchos y quietos” que no resultará presa fácil de nada, en estas nuevas circunstancias.

En este sentido, algunos autores encuentran relaciones con “El extranjero” de Camus, dado que ambas obras revelan una existencia en la que el infortunio carcome el alma, pero sin vencer la fortaleza que se tiene o que se inventa el ser humano para seguir viviendo.  En realidad, con la pintura que de él se realiza encontramos un resultado muy bien logrado: la síntesis del mutismo emocional y razones no le faltan.

Es un silencio que se impone a sí mismo  y en el que se permite ciertas licencias que nunca satisfacen a sus interlocutores; pero que no puede negarse que su necesidad de hablar era latente. Habla cuando quiere. Habla cuando puede. El alba lo herirá dos veces, le restará fuerzas; pero no totalmente.

Su vida posee un antes y un después de ingresar a un aserradero. Pura, su mujer y su única hija componen su núcleo familiar, en la ciudad de Bahía Blanca de la cual hay referencias  que no hacen dudar de la elección de ese escenario: “(…) la tienda “Blanco y Negro”; el periódico “El Atlántico”, la lujosa calle O´Higgins, la iglesia metropolitana”, que lo mantiene alejado de los infortunios por algún tiempo, concretamente siete años.

Aunque haya decidido no hablar o hablar lo estrictamente necesario; alguna vez lo hizo con tenacidad; en momentos claves, duros, de mucha angustia, es cierto. Pero lo hizo. ¿Fueron inútiles? Quizás. Sin embargo, en cada una de aquellas palabras, se volatizaban jirones de sí mismo y un esfuerzo descomunal por salvar lo que lo mantenía vivo, feliz a pesar de la precariedad y la desolación. Sin embargo nunca dejó de intentar otros itinerarios porque estaba seguro de algo: hablaba cuando debía y, sobre todo, cuando los glaciales momentos lo condujeran a la necesidad arrolladora de comunicarse, de gritar o entrar en un frenético movimiento corporal y oral.

En este no hablar hay –sin dudas- el símbolo de quien imbuido de soledad y de despojamiento, de sentirse como un ser arrojado a un mundo inhóspito, donde todo es lucha, aún desde el punto de vista humano, percibe qué hablar más de lo necesario no es el camino hacia la tranquilidad que necesita para sostenerse.

La hostilidad de los seres humanos con los que de alguna manera debe relacionarse encuentra, sin embargo,  en el desarrollo de la historia sentencias que hacen reflexionar al lector. Algunas de ellas son, por ejemplo, “(…) porque los que se fueron lo conocían y los que vinieron traían en  el oído la leyenda, y lo que se odia es el mito. Los hombre se salvan por algún lado, por alguna debilidad o por alguna intención; pero el mito no”.

La mayoría de sus compañeros de labor no entendió que él solo “buscaba otros rumores: el río, el deslizamiento de las balsas”; de allí que lo azuzarán permanentemente, aún cuando él actuara siempre con mayor indiferencia, sin saber que con ello molestaba más.

Una historia de vida particular, semejante a otras por los incidentes y accidentes, con siete años de una plenitud a medias; pero con la satisfacción de ir soslayando la adversidad. En ella, también, las coordenadas de espacio y tiempo son variables que permiten ahondar en el análisis de la vida humana. Y, en este punto, las influencias de Dostoievsky, Faulkner y Kafka son visibles.

Los segmentos descriptivos que envuelven el relato nos van dando la posibilidad de ir acompañando a Chaves solitario frente a la iracundia, la tozudez, la intolerancia frente a alguien que deliberadamente se negaba a hablar con imágenes que subrayan esa parquedad, ese ocultarse dentro de sí mismo.

La conducta irascible de los otros es un síntoma de una sociedad que no acepta que no se le conteste más de lo imprescindible y que no acepta que posea motivos para ello. Al contrario, juzga, sojuzga, etiqueta y desprecia.

Mallea en Realidad, ficción e imaginación
 

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